top of page

EL GRITO DE BATALLA

Actualizado: 21 jul 2020

Cumplí 9, Cumplí 44



Muchas veces hemos visto el túnel oscuro de la desesperación. Al final, siempre estará esa pequeña luz, que a medida que vas caminando, aprendes unas cosas y ganas otras. He cumplido 44 años. Me acerco a los 50 años, escuchando a pasos agigantados y aplastantes, el cambio brusco de mi cuerpo. En el “inicio” de mi página web: LA HOJA DE PARRA, había mencionado que casi 35 años batallé y luché, esquivando las diálisis, con un solo riñón, el derecho, que se había desarrollado con hidronefrosis. Muchas veces enfermé, pero gracias al Dr. Marco Aurelio Nossa Mendoza, quien me hacía múltiples cirugías de correcciones de mis vías urinarias, reimplantes y corrección de reflujos uretrales, que se repetían y una gastrocistoplastia; me dio largas para gozar la vida sin diálisis, en esos primeros 35 años. De otro lado, El Dr. Germán Duque Mejía, el padre de la medicina alternativa en Colombia, cuando yo tenía 13 años, me encaminó por el vegetarianismo. Duré casi 15 años sin visitar un hospital. Gracias al profe, me encaminé por las sendas del servicio y la investigación científica con conciencia. Pasaron los años, y en un viaje a Cumaná (Venezuela) con Mario Fernando Chaves, mi profesor de biología en el preuniversitario de medicina de la Universidad el Bosque en Bogotá, que no pasé, conocí al Dr. Keshava Bhat, uno de esos personajes realmente espectaculares como Germán Duque. Hombres verdaderamente íntegros en todo el sentido de la palabra. Esta es la clase de maestros que enseñan con su testimonio de vida. Gracias a ellos, viví muchos años sin una diálisis temprana. La dieta vegetariana fue la clave. El mismo Dr. Nossa, me lo aceptó alguna vez. Gocé de una niñez y de una juventud llena de libertades que me llevaron a pensar, en contra de mi familia, a vivir la vida sin medir los riesgos y sin pensar en un futuro económico, lo acepto. Como todas las decisiones, esta tenía dos caras: la buena y la mala. Tuve la gran oportunidad de estudiar Biología y viajar por varias partes del mundo. De estudiar y ser periodista científico y vivir en España, solo, casi un año; habiendo estudiado antes biología en la Javeriana en Bogotá. La juventud, que tiene como peor defecto la falta de experiencia, hizo en parte lo suyo. Unas cosas por otras. Nada es completo.


Después de 35 años y capoteando las diálisis, con todo lo que sabía, mi riñón derecho, no dio más. Acepto que en muchas cosas no tuve disciplina. Eso si quiero decirlo para ser sincero. Uno nunca aprende hasta que no te caes y te golpeas bien duro. Todavía no hemos contado con una metodología que nos haga aprender, sin sentir el dolor del paso del tiempo. Mi riñón derecho estaba ya muy repetidamente hidronefrótico. Otro error que ningún médico se percató en observar, de los que me veían en ese momento, era mi alta tensión. Y en un intento de independencia en la ciudad de Ibagué en una situación de estrés y de indisciplina con mis cuidados, el riñón derecho, no dio más.


Siempre le pedí a mis padres la potestad de yo llegar a diálisis hasta cuando ya, verdaderamente, no fuera capaz de valerme por sí mismo. Se cruzaron muchas situaciones de indisciplina con mis cuidados, malas comidas, estrés, miedos y retos que me hacían tener una tensión aun mayor. El 3 de mayo de 2011, a las 3:00am fue mi primera hemodiálisis en la clínica Shaio en Bogotá. Horas antes me habían realizado exámenes de sangre, que al ver los médicos los resultados, se preguntaban como no estaba muerto. Creatinina 17, BUM 120 y un de potasio 8.


En las salas de diálisis he conocido verdaderos ángeles. Las auxiliares y jefes de enfermería a quienes, cada vez que tengo la oportunidad, honro su oficio. Es una lucha a diario, poco remunerada.


Cumplí 9 años en diálisis. Años que me han pasado con enseñanzas y con la madurez que se va teniendo, cuando el cuero se pone más duro de tantos golpes, errores y recaídas. Sigo viajando, sigo manejando, sigo hablando en público. Porque lo importante es subir. No voy a negar que cuando he tenido caídas, pararse es difícil. No lo niego. Pero si en verdad escribo estas letras, es porque me he levantado, no una ni dos veces, han sido muchas; y quiero que otros se levanten, para que ayuden a levantar a muchos más y den el GRITO DE BATALLA por la felicidad.


Hasta que llegó ese verdadero sentimiento que me hizo ver la vida con un futuro que nunca había divisado. La conocí sin buscarla, ella me encontró, me enamoró y cuida de mí con un amor que ella solo sabe. Aprendí a bajar mi cabeza, a pedir perdón y a reconocer como, para aprender, tocaba llorar y hacer la catarsis que muchos necesitamos para descansar bajo la ducha. Aceptar, pero seguir caminando. Así fuese con un bastón o en silla de ruedas. El hecho es que hay que seguir adelante. Sentir el beso, el aliento, el latir y la voz en las mañanas del motor que enciende la vida: El amor. De su mano, he andado 6 años. Tener fé en la vida. Pensar que el pasado es solo un mal sueño. Y que en el presente nos reiremos de él con bastante desparpajo y frescura, sin remordimientos y sin penas pendejas que a veces nos atan y nos frenan. Penas y pendejadas que vienen de atrás. Que frenan y no dejan seguir adelante, que es hacia donde el tiempo se dirige, no hacia atrás. No hay mayor fe que la ansiedad de sentir que se puede seguir vivo para amar, para creer en el amor. Desde la energía que expele cada átomo de cada alimento que comes en las mañanas, hasta el brillo de las estrellas de un universo oscuro, lleno de energía que aún no comprendemos.


Este artículo tiene la intención de darte a ti: paciente, hombre o mujer, joven o mayor, que estas en diálisis peritoneal o en hemodiálisis, mi experiencia de vida como testimonio de que se puede seguir adelante. Llevo 9 años en hemodiálisis, compartiendo 3 veces por semana con compañeros llenos de depresión, rabias y con una pérdida total de la fe. Durante mis 9 años, he tenido muchas experiencias con mi cuerpo: la infección de mi primer catéter, la explosión de la primera fístula de mi brazo derecho y su posterior cierre quirúrgico, 4 cateterismos, una paratiroidectomia (extirpación glándula paratiroides) y la cirugía de un brazo partido. Aquí sigo dando EL GRITO DE BATALLA.


Para mí seguir viviendo es creer que siempre hay un futuro, es darle honor a la vida, a quienes creen en uno, a pensar y tener fe en el mañana. Seguir viviendo es tener la disciplina consciente de comer lo que el cuerpo necesita. Es respirar con conciencia de que estas respirando. Seguir viviendo no es resignarse y tener una vida triste. Porque si lo vemos con otros ojos, tenemos la ayuda de la medicina, la tecnología y de gente que 3 veces por semana, como en mi caso, vela por crear una calidad mejor con la hemodiálisis. Ahí también esta Dios, Ra, Jesús, Buda, Jehová o como lo quieran llamar cada uno en su creencia. Estar vivo en diálisis es descubrir que se tiene una tarea por seguir. Desarrollarla con todo el amor del mundo. Y al final, cuando el cuento quiera finalizar, cuando el llamado ya sea casi que justo; se aceptará con la devoción que cada uno tenga en su fe, se caminará, y con el honor de haber dado siempre EL GRITO DE BATALLA, moriré como los árboles: De pie.








395 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

AZUCAR, OBESIDAD Y COVID19

GORDO PROBLEMA No es que tengamos obesofobia. El cuerpo humano no está diseñado para ser obeso. No es bueno para nadie, no importa la edad. El metabolismo celular se altera por completo por ser obeso.

Comments


bottom of page