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GARZÓN

Actualizado: 11 sept 2020

El amigo, el genio, el colombiano

“Ante todo, mucha calma”

Jaime Garzón


Una tarde, en un auditorio de la Universidad Javeriana, la vida me dio la oportunidad de conocer al último gran genio que tuvo Colombia. En una conferencia sobre la situación del país con su humor crítico y mordaz, fue cuando me fijé el objetivo de hacerme amigo de Jaime Garzón. Su elocuencia sobre Colombia y su simpatía e inteligencia me hizo acercarme no solo al genio, sino al amigo. Un hombre que aunque con todos los defectos del mundo como cualquier ser humano, hizo que aprendiera lo mejor de él. Por Garzón aprendí a expresarme en público, a analizar los problemas de la salud más a fondo y a no comer entero. Fue mi amigo.


Si algo tenía Jaime como persona, era la entrega y el compromiso hacia un objetivo. Quienes estuvimos a su lado, fuimos testigos de su compromiso por su lucha por la paz y la verdad en la noticia.


Jaime amaba Colombia. Sin embargo, fue su arduo compromiso, lo que desencadenó su muerte. Colombia estaba llegando al final de la década de los 90’s. Década que fue muy violenta para el país. Garzón tenía pintado el país en la cabeza. Con sus finas e inteligentes herramientas como el humor, la palabra y su simpatía; logró entrar hasta el fondo de los gobiernos que tuvo en ese momento Colombia. Conocía muy bien los hilos del poder. Su participación en la Alcaldía de Andrés Pastrana, el haber sido miembro del gabinete de Cesar Gaviria y ser uno de los asesores de Ernesto Samper fueron de los cargos más importantes en las altas esferas de los gobiernos de turno. En el Sumapaz lo adoran por las actividades y obras que realizó en esa localidad como alcalde.


En 1998 le comenté mi interés por el periodismo científico. Ese año, mi director de tesis de grado, el Doctor Fidias Eugenio León, neurólogo santandereano; se dio a la tarea idílica de realizar un congreso en la ciudad de Bucaramanga en Colombia, reuniendo a los pesos pesados de la teoría alterna del origen del sida. Kary Mullis, premio Nobel de Química de 1993, inventor de la técnica de PCR, fue uno de los ilustres científicos invitados. Por esos días en Radionet, cadena radial donde trabajaba Jaime, lo íbamos a entrevistar. Fue la primera vez que sentí la censura. Habíamos anunciado la entrevista, pero entró una llamada al master del Ministerio de Salud del gobierno Pastrana para indicar que no había autorización de pasar al aire al ilustre científico. Garzón y yo quedamos aterrados y nos preguntábamos cuál habrá sido la razón del ministerio para tal censura. Nunca nos dijeron nada.


Días antes, habíamos entrevistado a varios científicos al aire sobre el tema; grabación que guardo con profundo cariño, porque fue mi primer trabajo periodístico. Recuerdo cuando le pedí 3 días a Jaime para cuadrar las citas con los científicos y me dijo: ”Hermano la noticia no da espera, la noticia es de ya”. Así fue como empecé a ser un periodista científico sin haber finalizado mi carrera como biólogo.


Así me fui ganando la confianza de Garzón. Seguí asistiendo a sus grabaciones del programa: Quac “El Noticero”. Me parecía fascinante su poder de creación, su memoria e improvisación; lo rápido y ágil en la grabación de cada uno de sus personajes. Un hombre que pensaba al máximo un tema. Creaba con una facilidad y una rapidez que de verdad asombraba.


Tuve la oportunidad de conocer a “la tuti”, su señora esposa; de conocer su apartamento, la casita “Con tu perdón” en La Calera, estar en la cabina de R@dionet al lado de él y disertar sobre temas de ciencia, política y sociedad. Un gran ser humano y un genio. Lo llevo en mi corazón.


Pero así como Garzón era un genio, también era muy loco. Sus impertinencias en cualquier lugar eran motivo de risas, pero también de conflictos. El no se callaba nada. Recuerdo el día que le grité en la camioneta. Llevábamos un escolta en moto adelante que le habían asignado. En un semáforo en rojo, le avisó al escolta que iba a girar a la derecha. Pues Garzón resultó girando al otro lado. Y le dije: ”Hermano Usted está loco, qué saca con eso?” Y me contestó: ”Es para demostrarle a la gente que uno no debe nada, ni le teme a ellos”. Yo le contesté:” Jaime usted no sabe en qué país vive? La gran mayoría de la gente aquí, no razona como Usted. Esa gente no razona loco!”. Yo ya sabía que el estaba amenazado. Hoy, pienso que Jaime tuvo un exceso de confianza con los poderosos. Su ánimo en la palabra y la razón no fueron suficientes para que la ignorancia, el tiempo y la violencia del país lo callaran un 13 de agosto de 1999.


Hoy queda un gran recuerdo. Siento que el legado de Garzón se ha venido expandiendo por parte de docentes, actores, empresarios, humoristas y una juventud que desea cambiar su país, desde la honestidad, la verdad y la defensa a ultranza de los más desvalidos de Colombia. Las banderas del respeto a la vida, el diálogo y la tolerancia que Jaime siempre divulgó, se revelan en la traducción de la Constitución Política de Colombia a las lenguas y cosmologías indígenas, que el ayudó a realizar. Cuando finalizaba sus charlas en las universidades, declamaba el siguiente artículo: “Nadie podrá sobrepasar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal en su persona, aunque piense o diga diferente”. Y concluía diciendo: ”Si en Colombia, solamente cumpliéramos solo ese artículo, los Colombianos seriamos mucho más felices”.


Jaime siempre será la fuerza espiritual de la berraquera que somos, quienes creemos en lo bonito de la vida, la educación, el diálogo, la verdad y la paz.


Hasta siempre compañero Jhon Lenin, ni un QUAC atrás!!!!!




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